La médica aún sostenía su artilugio dentro de mí cuando me dijo entre risas que mis ovarios se habían ido de vacaciones. Entonces lo comprendí todo. Finalmente comprendí por qué siempre me tienen abandonada. Cada vez que me toco el vientre y no los noto, están de viaje. Deben haberse recorrido toda Europa y parte de América central. Ojalá pudiera viajar tanto como ellos. Ojalá pudiera viajar con ellos dentro de mí.
De esa fantasiosa idea de unos ovarios de vacaciones nace la serie Querido útero… En la que se intervienen numerosas postales de distintos países del mundo con una peculiar dedicatoria. En los textos los ovarios se excusan por ausentarse mes tras mes. Se trata de una serie que, en clave de humor, trata la incertidumbre que rodea los meses de amenorrea acarreados por la premenopausia. En ocasiones esta ausencia se alarga hasta seis meses.
La primera vez que me inyecté hormonas, observé la aguja acercándose a mi tripa como el escalofrío que siento al mirar hacia abajo en un acantilado. Al terminar, me miré el vientre y me vi toda llena de agujeros. Como si Lucio Fontana se hubiera encaprichado de mi barriga.
Lo que sentía mientras la aguja se acercaba a mi tripa era el mismo escalofrío que siento al mirar hacia abajo en un acantilado. Al terminar, me miré el vientre y me vi toda llena de agujeros. Como si Lucio Fontana se hubiera encaprichado de mi barriga.
“C’e n’est pas varicelle” es una serie fotográfica que supone una revisión de mis álbumes de la infancia. Materializar el cambio que ha supuesto volver a ver a la Alicia-niña tras saber el veredicto sobre mi estado actual.